miércoles, 11 de agosto de 2010

hijos



Infancia muerta con sonido a miedo. El sonido del miedo es el silencio. El olor a miedo es de orina. Un niño envuelto huele a pieza oscura. Hay un niño que no lo será jamás. Hay una herida perpetua y una casa que nunca fue. Un abuelo triste. Un barrio pasado y pisado. Imágenes eternas. Un paso adelante y siempre llega vida desde algún rincón del mundo. Pero hay una caja de madera hermosa que conserva lo que debería haber sido. Nadie que habla de genocidio es melancólico. La melancolía emerge cuando se deja de hablar y se comprende que a cada paso hay tintura de la sangre derramada.
Y no sobre el asfalto, y no sobre el asfalto; querida pacha.

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